
„Recuerdo mi trabajo de comadrona con muchísimo cariño...“
Entrevista a Karin Berghammer
De Lisa Rakos
-Karin, naciste en 1961 en Viena, terminaste el bachillerato en 1979, luego empezaste a estudiar etnología, interrumpiste los estudios por razones económicas ¿y después ?
-Después me mudé a una granja en Alta-austria y allí viví de lo que me daba el campo. Cerca de nuestra granja, en Haag am Hausruck, había un pequeño hospital rural. En aquel entonces, algunas de mis amigas se quedaron embarazadas y me visitaban frecuentemente, se quedaban en mi casa hasta que daban a luz en ese hospital, donde yo les acompañaba. Eso me fascinó totalmente. Así que decidí que quería ser comadrona. Hice el examen de acceso en Salzburgo y, en contra de lo esperado, me admitieron directamente.
-¿Y cuándo fue eso?
-Eso fue entre 1984 y 1986. El tiempo que pasé en aquella escuela fue el más horrible de mi vida. Pues era obligatorio estar internada y para mí fue terrible, porque en la granja estaba acostumbrada a una vida libre. Después de algunos meses me puse muy enferma, se me desarrolló una neurodermitis (enfermedad de la piel). También la forma de `asistencia al parto` fue muy fuerte para mi, ya que antes de llegar a esta escuela ya me había interesado por el parto natural. Pero yo tengo un coco muy duro y pensé que tenía que llevarlo a cabo como fuera. Entonces era todavía la era de Reiffenstuhl [ps: hier würde ich kurz erklären wer das ist], él tuteaba a las mujeres y les tocaba las nalgas desnudas. Nunca dije nada al respecto, aunque yo siempre era bastante rebelde; y por tragarme permantemente todo eso, y callarme, mi piel reaccionó.
-¿Después de tus estudios te fuiste a la clínica de Korneuburg?
-Sí, porque no hubiera podido trabajar en un hosital „normal“. Cuando llegé allí, aún no había ningún aparato de CTG (cardiotocografía), solamente un tradicional „tubo de auscultación“ que yo solo lo había visto hasta entonces. Me puse directamente a hacer turno de servicio, porque tenían mucha falta de personal. En esa época yo rezaba las noches enteras, siendo atéa, para que todo saliera bien. En Korneuburg me comprometí muchíssimo con mi trabajo, quería crear una „asistencia al parto ejemplar“ para demostrar que también era posible de otra manera. Por eso teníamos que ser mejores profesionales que ninguno, para que nadie nos pudiera reprochar nada. Como había muy poco personal, a veces tenía semanas laborales de 80 horas. También por esa época yo daba muchas conferencias relativas al parto natural, principalmente en hospitales. Entonces veía claro que no sería tarea fácil de convencer a las comadronas de cambiar de la posición de parto „tradicional“ ( la tumbada), a la del sillón de parto (la vertical), porque de esta manera su trabajo les resultaría más duro físicamente (ya que tendrían que agacharse) . Eso me motivó a desarrollar una cama de parto para el hospital con la cual la comadrona ya no tuviera que hacer ´gimnasia´ durante la asistencia. Junto con una amiga, diseñadora industrial, construí un modelo y lo patentamos. Al principio no encontramos ninguna empresa que quisiese producir la cama.
Después de estar 5 años en Korneuburg estaba bastante quemada y solicité un año de excedencia. Me fui con esta amiga mia de viaje por el mundo pero nos quedamos directamente en Los Angeles. Estabamos muy a gusto allí e incluso volvieron las ganas de ir a la universidad. Hicimos la carrera de fotografía y cine y nos quedamos practicamente un año allí. El cine me fascinó tanto porque toda esta seriedad que hasta entonces había dominado mi vida, encontró el equilibrio perfecto. Tuve la posibilidad de desarrollar un lado muy diferente en mi, y sabía que seguiría haciendo cine porque encontré un potencial en mi que quería vivirlo.
-¿Eso fue el final de tu carrera de comadrona?
-No, yo no quería dejarlo e irme corriendo. Después del viaje volví a trabajar en Korneuburg donde la situación laboral había mejorado considerablemente. Los turnos de noche seguían siendo mis preferidos.
Mi filosofía era darle la menor importancia posible a lo que yo hacía en la asistencia al parto, para que la mujer sintiera que era ella misma la que hacía el trabajo.
También había comadronas que eran como una madre para las mujeres, las mimaban y las „sobre-protegían“ . Ellas obtenían un feed-back increíble. No obstante, las nuevas madres nos escribían cosas como „sin tí no lo hubiera conseguido“, y era precisamente eso, lo que yo no quería.
Si los ginecólogos comprendieran lo importante que es `hacerse poco importante´, tendríamos una asistencia al parto muy diferente. Las mujeres que dan a luz relevan un aspecto que siempre me fascinó: adquieren tanta fuerza y hermosura ...
-¿Y que pasó con tu carrera cinematográfica ?
-Mi idea de hacer cine, en el fondo, siempre persistió, así que hize planes de estudiar cine sobre la marcha en artes aplicadas. Cuando no me admitieron, ví claro que tenía que irme a otro sitio, entonces, en un plazo de 2 semanas, presenté mi dimisión en Korneuburg, dejé mi piso y me fui a Berlín. Allí, en 1992/93 terminé felizmente mis estudios en la académia de cine y conocí a mi marido.
A la vuelta a Viena en otoño empezé con el proyecto del video „Parir y Nacer“ para
el AKH (hospital general de Viena). Mi objetivo era hacer una película con fines didácticos. Cuando las mujeres ven este video, pueden decidir que también ellas quieren tener un parto natural así. Y la mejor manera de cambiar algo en este sentido, es que sean las mismas mujeres las que reivindican estos cambios.
Y, en este sentido, la película ha contribuido muchísimo.
En 1995 dí a luz a mi primera hija. Mientras tanto habíamos encontrado una empresa que quería producir la cama de parto que habíamos patentado mi amiga y yo. Ahora se está vendiendo principalmente a hospitales de Europa del Norte y de Alemania. Se llama „Partura“. Es una gran suerte para mi, porque recibo comisiones de licencia y eso me posibilita hacer proyectos como el documental „Comadronas – una perspectiva global sobre parto y los derechos de la mujer“, el cual financié yo misma. Después de dar a luz a mi segunda hija en 1997, me hize autónoma con una empresa de producción de cine y video y ahora trabajo, sobre todo, en documentales en el area de salud y medio ambiente.
-„Comadronas“ , el documental que se estrenó en abril en el congreso (ICM) de Viena es una película sobre comadronas y su trabajo por todo el mundo...
¿Como surgió la idéa de hacerlo?
-Lo hize, porque hasta hoy no he dejado de interesarme por la etnología y también, porque quería saber de que forma repercute la asistencia al parto en la situación de las mujeres en la política y viceversa. En gran parte del mundo, como en Asia, en Sudamérica o en Africa, existen condiciones de desprecio hacia las mujeres. Yo opino en base, a que no solo el sistema político de un país caracteriza la asistencia al parto sino, sin duda, también al revés. Un ejemplo positivo en este sentido es Nueva Zelanda, donde se ha desarrollado, junto con el movimiento de la mujer, una asistencia al parto formidable. Es allí, donde hay muchas mujeres que han tenido una experiencia buena en el parto y que luego pueden decir: „Lo he conseguido, soy fuerte, puedo superar cualquier problema“, donde de manera colectiva se fortalecen también en el ámbito político. Por eso me preocupa la tendencia actual de recurrir a la cesárea y a la anestesia epidural, que, como en Holanda por ejemplo, proviene cada vez más de los „movimientos de mujeres“.
Yo creo que el dolor provoca procesos de madurez y eso tiene consecuencias también en la política.
-¿Te puedes imaginar volver a trabajar de comadrona?
-Bueno, no conozco ningún „setting“ donde eso sería posible, pero hacer los turnos de noche, como entonces en Korneuburg, sí me podría imaginar.
-¿Hechas de menos la asistencia a las parturientas?
-No puedo decir que lo hecho de menos ya que ahora mismo estoy lejos de aquello, pero recuerdo con muchíssimo cariño mi trabajo de comadrona. Sé que en mi trabajo actual, estaría en un lugar muy diferente al de ahora si no hubiera tenido estas experiencias. Ahora hago muchas cosas con Arte y Teatro y siempre vuelvo a ver analogías al parto.
-¿En que sentido?
-Porque en el parto caen las envolturas y se presenta lo auténtico. Y al fin y al cabo también en el Arte se trata de eso. Cuando en una película el héroe emprende un viaje, se enfrenta a resistencias, supera obstáculos, pasa por experiencias dolorosas y vive un proceso de depuración del cual sale como una persona diferente, lo hace para el espectador. En cierto sentido lo hace para él. Es exactamente esto lo que experimentan las mujeres en un parto normal, pasan por una situación de prueba que le cambia y le repercute en su caracter. Son ésos momentos mágicos, tanto en el cine como en la vida real, los que me encantan . . .
-Karin, estas a punto de dar a luz a tu tercer hijo. Te deseo un feliz parto lleno de momentos mágicos y te agradezco esta conversación.
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